25-11 D10S
Levante de sueño a las 4 30 am, el calor me levantaba, no me permitía dormir. Por la ventana veía como diluviaba, como la ventana cerrada estaba garbada por las gotas de un día que preside el barro en el que el país iba a amanecer.
Transité un nuevo sueño, donde se me perdían los dientes, no sabía que era, tampoco lo busqué para no generar mayor incertidumbre en mí ya pesado despertar. Una mañana, donde el alba salía lentamente, donde el celaje gris ya daba el día de luto que iba a extenderse por el resto de este año tan atípico. Bajé la compu, me puse en el jardín, mientras el tibio viento mecía las hojas de mis cuadernos, leía textos que debía haber leído antes, subrayaba, me detenía, miraba el celaje, seguía subrayando, me levantaba, miraba el río, seguía leyendo, llamaba a Lucila, hablaba con ella y calmaba este prólogo de un día miserable. Recargado, continúe y finalice un texto aliviado, Alberto entra por la puerta, venía de pasear a la perra, Isabela estaba a mi lado, hacía unos dibujos. -Murió Maradona- sentencio mientras cebaba un mate. Me corrió el frío por la espalda, la eléctrica idea de que hoy muchos estarán de rodillas pidiendo la mentira, como a veces nos pedimos para no quedarnos inmóviles hasta la verdad. Las redes estallan, mensaje en mi celular, los medios paupérrimos y omnipresentes se adelantaron, afirmaban despotricar un llanto mísero, al borde del clamor popular, que escuchaba en el barrio, el grito, la puteada, la idea de otra muerte, porque el Diego murió más de una vez, y la esperanza de que despertara a todes nos tenía en vilo. Escucho la radio, se limpia los mocos la relatora, leo Twitter, quienes festejan, quienes minimizan, quienes lloran, quienes lo saludan, Madonna es tendencia en Twitter, me dio gracia.
Es sin lugar a dudas, una tristeza encrucijada en mi alma. Creo que a muchos no les pasa. Porque el clamor popular es una evidencia inalterable de que los ídolos y símbolos patrios, los fogonean las masas, y el tiempo es la memoria colectiva de todas las edades, herencia absoluta de esta tierra reconocida en primer momento por fuego sagrado, y por los inicios del astro.
Maradona, venas abiertas de Argentina, hecho gambeta, símbolo y falsa idiosincrasia que abate al mundo, hoy y para siempre. En la radio lloran les conductores, lloran las personas en la calle, parece que el sol no supera este celaje, esta mañana atípica, funesta y humana. Sobre lo último, no es menor, este personaje nacido de la ceniza villera, con la impronta de batalla de inamovible lucha contra el poderoso, y socio de la lucha colectiva. La gente en la tele se pone su casaca argenta, sus remeras Maradonianas, es difícil no ver esa remera y no pensar en esa dorsal N° 10, rebautizado y eterno luego de ser vestido con la espalda del Astro, la gente recita sus recuerdos, ayer, hoy y siempre nunca pasó el tiempo, quedó grabado en la retina, en la enérgica conmoción de mantenerlo vivo, en el óbito perenne.
Vivió como quiso, fue llevado desde Fiorito, hasta el olimpo, fue llevando consigo a sus familias, y en sus errores nacieron nuevas formas de ser. Porque frente a estos medios, que hoy lloran junto al remisero desde su auto recordando los goles de argentinos JR, esos medios que atosigaron hasta el día de su muerte, esos medios que, despiertan la grieta en sus errores, y estigmatizan nos solo al Astro, sino a la clase villera, si no, a la hipocresía de un sistema hostil y vil, que hoy sigue perpetuando nuestras familias, nuestras identidades y nuestras relaciones.
Redentor del pueblo, trajo alegría a la mesa, en la historia soberana nace su hito. Redentor del pueblo, creó iglesias, fue el papa y Judas. Representa entre sus virtudes y vicisitudes, las luchas populares, no por lo que fue en la cancha, sino su origen y la sensación que enraizó en los corazones de todos los hinchas de todos los clubes del mundo. Hoy murió el bastión del fútbol, hoy quienes lo defenestraron lloran por él, pero el pueblo sabe, no olvida.
El mundo seguirá, los tres días de asueto quedarán para siempre, en este año de mierda y contando los días para que termine. Y quedará el velorio, las palabras recitadas hacia él, los saludos agradecimientos por haber jugado al fútbol, por haber sido imperfecto, por haber sido hipócrita, por no haber prometido nada y dado todo. Hoy es indignación burguesa de las bocas que nunca vieron más allá de la condición humana, del cuerpo mediático obnubilado por las notas, por las cámaras, por la guita, por la moral universal; reservorio moral de la humanidad que yace en la conciencia burguesa, acrítica, ingenua que no puede empatizar contra el llanto de un pueblo ensangrentado por la caída de una de las alegrías más soberanas de los últimos 40 años.
Ha muerto Diego Armando Maradona, nunca lo vi jugar, siempre lo vi en los medios, siempre deshumanizado, siempre imperfecto, el peor de los humanos, replicado en la basura semanal de los medios. Me crie escuchando de él, ídolo, mártir del amparo burgués, potrero de Fiorito que hizo todo por todes, sin pedirnos nada, sin debernos nada, y ese ejemplo tan rebelde y auténtico es sin lugar a dudas la pena colectiva más grande que puede tocarnos a todes en la misma ficha, en la piel erizada por los relatos y la herencia inalterable del fútbol. Ha muerto el pibe de Fiorito, que cumplió sus sueños y lucho por los sueños del pueblo, y aun en su desaparición física, aparecen los muchachos de siempre destilando que esta figura era la idiosincrasia del argentino. Y no queda peor análisis que ese, no queda ya más que apagar la tele, pensar desde la historia personal y unívoca de este sutil barrilete meciéndose frente a los soles, lluvia y vientos, disputando su épica, tragedia y lucha, con el balón inmaculada, con su machismo galopante, con su nombre tatuado en las pieles, en estadios y en la boca de quienes lo aman y critican.
Atenúa mi dolor, aquel que me vio amanecer, siento que no es solo mío, ese paso eterno, que dio sin mirar atrás el soldado inmortal de la línea de cal, y siento que todes nos sentimos así, pero sería mucho pedir. Un poco más humanos, humanizados al palo, barro, polvo y recuerdo de la cabecita negra saltando bajo el sol palpitante de los Aztecas y con su bendición anotar el gol dentro y fuera del rectángulo de almas, seculo abrazo, grito desgarrador, llanto y momento efímero de los días de nuestras vidas, para sentenciar su perdón absoluto, su nombre por sobre la ley y sobre las creencias, fuera Dios y sus chamuyos, acá yace el mesías, la mentira, la violencia, el machismo, el goce del fuego sagrado llorando por las calles, y la vida que se detiene a darle las gracias, por unos segundos y luego enterrarlo en la persona, en lo humano, frágil, intolerante, misógino, y amado, inmarceciblemente amado hasta el fin de los tiempos, de la mano de D10S