miércoles, 25 de noviembre de 2020

25-11 D10S


Levante de sueño a las 4 30 am, el calor me levantaba, no me permitía dormir. Por la ventana veía como diluviaba, como la ventana cerrada estaba garbada por las gotas de un día que preside el barro en el que el país iba a amanecer. 

Transité un nuevo sueño, donde se me perdían los dientes, no sabía que era, tampoco lo busqué para no generar mayor incertidumbre en mí ya pesado despertar. Una mañana, donde el alba salía lentamente, donde el celaje gris ya daba el día de luto que iba a extenderse por el resto de este año tan atípico. Bajé la compu, me puse en el jardín, mientras el tibio viento mecía las hojas de mis cuadernos, leía textos que debía haber leído antes, subrayaba, me detenía, miraba el celaje, seguía subrayando, me levantaba, miraba el río, seguía leyendo, llamaba a Lucila, hablaba con ella y calmaba este prólogo de un día miserable. Recargado, continúe y finalice un texto aliviado, Alberto entra por la puerta, venía de pasear a la perra, Isabela estaba a mi lado, hacía unos dibujos. -Murió Maradona- sentencio mientras cebaba un mate. Me corrió el frío por la espalda, la eléctrica idea de que hoy muchos estarán de rodillas pidiendo la mentira, como a veces nos pedimos para no quedarnos inmóviles hasta la verdad. Las redes estallan, mensaje en mi celular, los medios paupérrimos y omnipresentes se adelantaron, afirmaban despotricar un llanto mísero, al borde del clamor popular, que escuchaba en el barrio, el grito, la puteada, la idea de otra muerte, porque el Diego murió más de una vez, y la esperanza de que despertara a todes nos tenía en vilo. Escucho la radio, se limpia los mocos la relatora, leo Twitter, quienes festejan, quienes minimizan, quienes lloran, quienes lo saludan, Madonna es tendencia en Twitter, me dio gracia.


 Es sin lugar a dudas, una tristeza encrucijada en mi alma. Creo que a muchos no les pasa. Porque el clamor popular es una evidencia inalterable de que los ídolos y símbolos patrios, los fogonean las masas, y el tiempo es la memoria colectiva de todas las edades, herencia absoluta de esta tierra reconocida en primer momento por fuego sagrado, y por los inicios del astro. 

Maradona, venas abiertas de Argentina, hecho gambeta, símbolo y falsa idiosincrasia que abate al mundo, hoy y para siempre. En la radio lloran les conductores, lloran las personas en la calle, parece que el sol no supera este celaje, esta mañana atípica, funesta y humana. Sobre lo último, no es menor, este personaje nacido de la ceniza villera, con la impronta de batalla de inamovible lucha contra el poderoso, y socio de la lucha colectiva. La gente en la tele se pone su casaca argenta, sus remeras Maradonianas, es difícil no ver esa remera y no pensar en esa dorsal N° 10, rebautizado y eterno luego de ser vestido con la espalda del Astro, la gente recita sus recuerdos, ayer, hoy y siempre nunca pasó el tiempo, quedó grabado en la retina, en la enérgica conmoción de mantenerlo vivo, en el óbito perenne.

Vivió como quiso, fue llevado desde Fiorito, hasta el olimpo, fue llevando consigo a sus familias, y en sus errores nacieron nuevas formas de ser. Porque frente a estos medios, que hoy lloran junto al remisero desde su auto recordando los goles de argentinos JR, esos medios que atosigaron hasta el día de su muerte, esos medios que, despiertan la grieta en sus errores, y estigmatizan nos solo al Astro, sino a la clase villera, si no, a la hipocresía de un sistema hostil y vil, que hoy sigue perpetuando nuestras familias, nuestras identidades y nuestras relaciones. 

Redentor del pueblo, trajo alegría a la mesa, en la historia soberana nace su hito. Redentor del pueblo, creó iglesias, fue el papa y Judas. Representa entre sus virtudes y vicisitudes, las luchas populares, no por lo que fue en la cancha, sino su origen y la sensación que enraizó en los corazones de todos los hinchas de todos los clubes del mundo. Hoy murió el bastión del fútbol, hoy quienes lo defenestraron lloran por él, pero el pueblo sabe, no olvida. 

El mundo seguirá, los tres días de asueto quedarán para siempre, en este año de mierda y contando los días para que termine.  Y quedará el velorio, las palabras recitadas hacia él, los saludos agradecimientos por haber jugado al fútbol, por haber sido imperfecto, por haber sido hipócrita, por no haber prometido nada y dado todo. Hoy es indignación burguesa de las bocas que nunca vieron más allá de la condición humana, del cuerpo mediático obnubilado por las notas, por las cámaras, por la guita, por la moral universal; reservorio moral de la humanidad que yace en la conciencia burguesa, acrítica, ingenua que no puede empatizar contra el llanto de un pueblo ensangrentado por la caída de una de las alegrías más soberanas de los últimos 40 años.


 Ha muerto Diego Armando Maradona, nunca lo vi jugar, siempre lo vi en los medios, siempre deshumanizado, siempre imperfecto, el peor de los humanos, replicado en la basura semanal de los medios. Me crie escuchando de él, ídolo, mártir del amparo burgués, potrero de Fiorito que hizo todo por todes, sin pedirnos nada, sin debernos nada, y ese ejemplo tan rebelde y auténtico es sin lugar a dudas la pena colectiva más grande que puede tocarnos a todes en la misma ficha, en la piel erizada por los relatos y la herencia inalterable del fútbol.  Ha muerto el pibe de Fiorito, que cumplió sus sueños y lucho por los sueños del pueblo, y aun en su desaparición física, aparecen los muchachos de siempre destilando que esta figura era la idiosincrasia del argentino. Y no queda peor análisis que ese, no queda ya más que apagar la tele, pensar desde la historia personal y unívoca de este sutil barrilete meciéndose frente a los soles, lluvia y vientos, disputando su épica, tragedia y lucha, con el balón inmaculada, con su machismo galopante, con su nombre tatuado en las pieles, en estadios y en la boca de quienes lo aman y critican.  

Atenúa mi dolor, aquel que me vio amanecer, siento que no es solo mío, ese paso eterno, que dio sin mirar atrás el soldado inmortal de la línea de cal, y siento que todes nos sentimos así, pero sería mucho pedir. Un poco más humanos, humanizados al palo, barro, polvo y recuerdo de la cabecita negra saltando bajo el sol palpitante de los Aztecas y con su bendición anotar el gol dentro y fuera del rectángulo de almas, seculo abrazo, grito desgarrador, llanto y momento efímero  de los días de nuestras vidas, para sentenciar su perdón absoluto, su nombre por sobre la ley y sobre las creencias, fuera Dios y sus chamuyos, acá yace el mesías, la mentira, la violencia, el machismo, el goce del fuego sagrado llorando por las calles, y la vida que se detiene a darle las gracias, por unos segundos y luego enterrarlo en la persona, en lo humano, frágil, intolerante, misógino, y amado, inmarceciblemente amado hasta el fin de los tiempos, de la mano de D10S


martes, 24 de noviembre de 2020

Fin de año

Tránsito uno de los fines de año más dinámicos de mi vida. Hace tiempo no perecía mi ansia de seguir, de una manera tan pasiva, y al mismo tiempo intacta. Enamorarse,repetidas veces de Lucila, ese es su nombre y le calza perfecto, es una lluvia desmesurada que te agarra sin paraguas o  sin techo, pero no queres estar al resguardo de todos modos, queres empaparte de todo lo que provenga de esos labios corazón, y esas manos cinceles. 


Tránsito el final de un año, con más preguntas que certezas. Sobre escenarios fluctuantes, donde crecí en mis relaciones interpersonales, sobre todo en la familia, y al mismo tiempo solté algunas heridas que pensé dejarlas abiertas, para recordarme de vivir, pero mejor no. Mejor seguir. Aproveché la virtualidad para apabullarme en el estudio, en mi salsa, en el silencio de las teclas resumiendo,en el aroma a tinta sobre mi palma, sobre mi hoja, sobre mi... que posesivo. Pero digo la verdad. He sido, como en este último punto, muy interpelado por mis pensamientos. Hablo inconclusamente con mi psiquis, me retracto, pido perdón, me escabullo y me digo basta, más de una vez al día. 


¿ Por qué? 

Parece que mientras más indago en los mandatos que me conforman, y desató los ovillos hasta sus hilos imperceptibles me percato de lo ruin y egoísta que he sido,¿ Qué pasa cuando nos quedamos sin perdón, sin aliento, sin fuerza para vernos al espejo? No pensé que eso podía pasarme. Me he dado cuenta que busco la aceptación del otre incontables veces, y que al llevarme la contra, en lo más mínimo, alguien lo tomo personal.No de forma siniestra sino de la forma más incómoda, con ignorancia. Lo bueno es que es imperceptible. 


No tengo conclusiones en estas declaraciones, divago, dibujo, maltrato mi lienzo y luego le regaló tierra y descanso. Dentro de todos estos flagelos que fui juntando del piso, siempre estuvieron allí, siempre estuvieron susurrando, siempre como el aire, los empuje siendo gravedad. 


Lucila es una chica, biológica e identitariamente se considera una chica. Para mi es más una persona,- dentro de lo políticamente correcto, que hoy está en duda, curiosamente lo ponen en duda los mismo que dicen que es lo políticamente correcto según la historia y el oportunismo, en fin- Lucila es mi novia. La conozco hace dos años, 4 meses y 18 días. Los segundos no cuentan, se detuvieron en un boliche, en un beso, en una mirada, en el glamour de sus ojos, pestañas largas, cejas tupidas, y piel pulcra. Es un ensueño, y también está enamorada de mi. 


¿ Que suerte no?


La primera vez que nos vimos , solos, sin nadie que nos rompiera las bolas, fue un momento sin igual. Sábado recuerdo que era, principios de invierno, o mediados de otoño. Las hojas caían rendidas al suelo, y el humo de los caños de  autos se asentaba en el aire de la capital. Vestí mis prendas más honradas, aquellas con las que me sentía más cómodo. No sentia la presion de la primera vez, ya nos habíamos besado eternamente y eso daba pie a otras cosas, más profundas las cuales iban hacia el pasado de lucila y hacia el mío.


 ¿ Quién era Lucila? Esa era mi pregunta. 


Vivía a hora y media de casa, tres colectivos era mi carruaje. Cuando llegue a su casa, ella cruzaba la calle con una cartera colgada del antebrazo y una campera que le pasaba la altura de las rodillas, tenía una base invisible, un rimel estupendo y un perfume que me acompañaría toda la vida. Hablamos de mi viaje, de las noches que nos vimos; ah, eso sí, nos dimos  un beso en la mejilla, tibio, duró más de medio segundo, eso me daba cuenta del deseo, y me permitió, como dije antes, reconocer el perfume. Una estrategia napoleónica.


 Fuimos al colectivo, el 110, nunca lo pise. Fue un viaje grato, dentro de lo posible, mucha gente que iba o volvía.Ella se sentó, yo como buen caballero del zodiaco le deje sentar, no daba que me siente así de una,- jodete- nanana había que hacer las cosas bien. Llegamos al Alto Palermo, shopping que en mi vida pisé por dentro, y fuimos al patio de comidas. Mucha gente, mucha señora rubia, mucha vida que hoy por covid no tenemos. 

 Orbitaba famélico, fuimos a comer y no tenía un peso. Eso, en ese entonces me dolia, me dolia en el alma, en el orgullo en el sentido varonil de ser independiente pero nunca tener el valor de lograrlo, le dije a Lucila que vayamos a Mostaza, justo vi de reojo que tenían una promo asi que joya, - mi  hermana luego me dijo que es un pelotudo, ¿ como vas a comer hamburguesa en la primer salida? te queda todo en la boca, impresentable- Lucila no tenía problema, estaba abierta a ser cortejada por este pelotudo con suerte o me tenia lastima.  Cuando sacó su billetera, le dijo algo de - buena riki rikon- y ella dice con total naturalidad- me dan plata mis viejos- me sentí solventado por esa verdad. No conocía  a Lucila, pero la juzgaba con tintes elitistas. Imaginaba que salía con pibes de guita, que las llevaban a los lugares más caros, y le compraban las ropas más caras, collares, vacaciones, ella para mi era una duquesa, la realeza, una princesa de Disney no deconstruida.

 Comimos. Entre dos mesas, pegados a gente que no conocíamos. Hablábamos fuerte, porque un bardo era el lugar. Allí se dio lo que llamo el primer indicio del enamorado, el cual es la pérdida de noción temporo espacial. Hablamos por horas, no me di cuenta que estábamos solos por momento o de la nueva gente a nuestro lado. Hablamos sin hartazgo, como obras de arte dispuestas a ser admiradas, criticadas, valoradas, compradas y vueltas a vender. Hablamos como una danza popular, con sus ritos y castigos, con sus perseverantes búsquedas de romanticismo, hablamos como si no quedara nada en el mundo por conocer y entre nosotros, estaba la biblioteca de babel. Me enamoré en ese momento, otra vez, ella también, pero no lo sabía. 


Seguimos  hablando pero caminábamos ahora, nuestra atención se iba por los locales, las ropas, ella contaba su vida, sus historias, su familia, y se detenía en un local y veía la ropa,  desde atrás la admiraba y escuchaba atentamente.De pronto, tome la decision de pasar a un nivel de atropello abismal, al abrazarla por detrás. Fue algo automático, el decoro manifiesto de “ no te vayas nunca, jamás, de mi vida” y también de la vergüenza, y del no consentimiento también, ahora puedo verlo detenidamente aunque ya no importa. A veces las caducidades no son más que plazos de deuda. Una deuda sin sentido de mi pasado, con las concepciones presentes que me forman. Volviendo a Lucila, ella ni se inmuto, me abrazó y me dio un beso. Un beso en la boca, un beso suave, un beso frutilla, un beso a secas. Fuimos al Parque las Heras que jamás había pisado, era en ese momento una persona “ del campo” como bien llaman los “ porteños” a les bonaerenses. Buscamos lugar para sentarnos, un banco al menos, pero estaba todo ocupado y no queríamos sentarnos en el piso. Buscamos, buscamos, pero parecía más un paseo que una búsqueda, porque mientras seguíamos hablando, dejábamos toda nuestra alma, nuestras constelaciones en el camino, estelas de luz o pistas para  un detective muy distraído puede encontrar. 


Nos sentamos, ella puso el pie sobre mi pierna, seguimos hablando, los árreboles caían, vaticinaban una noche hermosa y refrescante. Nos dio frio, y volvimos al Shopping a merendar, a comer algo. Sentía  mi adolescencia renacer, esos espacios donde podíamos habitar, los cuales no existían, y debíamos formarlos. Eso era lo que hacíamos con Lucila, estábamos formando espacios. Cuando se dieron las 20:00, debíamos partir. Ella tenía el cumple de un familiar, y yo debía ir al cumple de un amigo de un amigo, cosa inhóspita. La tarde fue devorada por nuestros prólogos que impartimos en despojo y afabilidad. La acompañe a Scalabrini Ortiz, debía tomarse el 124, la dejaba en su casa. Mientras esperábamos,seguiamos hablando. Ella me dijo, ¿ Me vas a hablar?Me sorprendió la pregunta, acabamos de hablar durante más de cinco horas, ininterrumpidamente. - Obvio que si- le afirmé y nos dimos besos. Esos besos de pareja consolidada, desesperada por le otre, por sabernos acompañados. 


Lucila se fue en el bondi, yo seguí hasta Santa Fe y tome el 152, luego el 60, y llegue sin problemas. En el camino seguimos hablando, repasando cual breve epílogo lo que fue la tarde, y arreglamos en la inmediatez volver a encontrarnos. Esta vez en mi casa. 


Ella empezó a construir todo un nuevo cielo en mi vida. Sus manos alfareras, ratificaron su amor por las bestias, las crueldades que mecían en mis adentros. No me desconocía, no me evitaba, y no me hacía sentir inutil. Creo, que he sido una persona con mucha suerte, creo, que de no ser por sus manos y sus verdades, mi pandemia hubiera sido más hostil, estoy cansado, estoy terminando un año muy dinámico, donde los vaivenes del estudio, me despiertan el júbilo de recordar porque estudió con tanta tranquilidad, y dentro de todos los privilegios que me componen, tengo el bastión de ser amado por una persona como Lucila. Me enamore en el trayecto de estos años, muchas veces más de ella, reivindico mi amor en cada letra, en cada orgasmo, en cada gesto, en cada discusión, en cada reconciliación, en el diálogo bilateral y aunador que nos cobijó desde nuestra primera salida. Sin lugar a oscilaciones, o por ser dramático por placer, todo me sabe a poco sin Lucila, la birra, una película, un libro, canciones,un beagle que pasa por la calle, todo es silencio sin su vibrar, todo es tan amplio y tan vacuo sin Lucila, que estas palabras, sin que las leyeras, no tendrían.... 



Cuerpos de tinta, menean el barro

lluvia mórbida riega mi alma 

al acabar 

el sol amansa la hoja 

Dios

permuto tus plegarias 

por un momento con ella. 


martes, 30 de enero de 2018

Segmento de Novela/ Acto 2/ CAP 2 " Cuentos de Mateo"

   Ella disparo primero contra mi cobardía. Clara Messone parecía tan delicada, su voz sostenía la pulsión del aire contra las melodías de los borrachos y eso hacía que solo la escuchara a ella. Como uno de esos estúpidos que sufren por amor no correspondido y que no les podes decir otra cosa ya que es como hablar con una pared, al fin de cuentas ellos ya ganaron, tomaron la posta con la incertidumbre plena de alguna esperanza.
   Sus manos estaban frías, estando al lado pude notar como se había pintado las uñas antes de salir. Ese olor a esmalte era nítido. Y lo primero que hizo fue meter la mano en los palitos y se los mando en gran cantidad. Pidió una Cerveza con miel “honey pot”  y le dijeron para eso vuelva a Belgrano que acá había cerveza comercial, giladas no. Me rei en disimulo pero medio que no le cabio.
-          Che no te rías si no sabes lo que es bueno- seria.
-          Pasa que en ningún lado de la carta dice “Birra Artesanal” , aparte la moza te mando al sobre muy bien- sonreí.
-          Sos gracioso, la verdad que me muero de risa- Rio el sarcasmo, y entramos en nuestro desastre.
-          Clara, no? -le di la mano, me presente cual atávico caballero.  Note que tenía un tatuaje en la muñeca, era como un pañuelo verde, donde yacía una paloma blanca.  – Linda Libertad tenes ahí- y la mire.
-          Si, prácticamente significa la libertad de las mujeres del patriarcado.
-          Ah está muy bueno, la paz tiene que ver con todo esto ¿no? Digo vi muchos movimientos feministas que terminaron en actos violentos y fue una pena.-  tensión 
-          Para que lo sepas la libertad es muy sarcástica y tu “Pena” son segmentos de una opresión que vos apoyas sin darte cuenta. – frunció el ceño y su tono paso de dulce, a codicioso.
-          Qué raro, todos somos oprimidos por algo. El tiempo la vida, la ausencia de algo. De un sentir inexplícito. La libertad es sarcástica, si. Para los que son trágicos, para los que se dan el lujo de desistir a sus sueños.  Concuerdo con vos en algún aspecto. Capaz no te das cuenta y algo de opresora estas siendo.
-          Sí, creo que podamos concordar en esas cosas. Deja flaco no te quiero asustar tanto tampoco.- La interrumpió la moza con la cerveza y más maní.
La conversación siguió al oído sin un temor por el espacio personal. Reía sobre mi hombro, y su sabor por ahora inefable me gustaba. Codicia. Los pibes hablaban con sus amigas y para mi estaban en otra mesa, ignore por un rato.
El tiempo también se emborracho e hizo nacer el alba antes de sí mismo. Intercambiamos números, Wassapp, Facebook y toda esa gilada social que al fin me agrado un poco más.  Sostuve al despedirme de Clara una mirada, un segundo, un instante donde sonreímos los labios y los ojos miraban el futuro. Un beso sin sabor nos dimos, con un cariño éter promoviendo otra coincidencia.
Me acosté en mi cama mientras todo daba vueltas, extasiado, feliz, con ganas de vomitar, sin preocuparme por levantarme al otro día para trabajar. Sentía la curiosidad del amor. 

Pertenencia

    Pertenencia. Donde afirmamos ser, y suplimos un rol que nos damos como inigualables e únicos benefactores del ambiente automático de ese lugar/espacio que ocupamos e idealizamos. Por algo mucha gente vive toda su vida en un solo lugar, por algo mantenemos vínculos con otras personas, formamos amistades, nos comprometemos con instituciones, grupos, Dios, El Amor y sobretodo con nosotros mismos. “Pertenecemos” a todo eso, sin tener que desligarnos de nosotros.
    Pertenezco porque elijo ese lugar, esas personas, esa situación (O tal vez no, tal vez la  costumbre se trasladó al estereotipo de hogar, tal vez no queda nada más que esa miseria a la cual atarnos para sobrevivir). Pero ¿Por qué? Nos sentamos en la obligación de pertenecer, seguimos un modo para hallar identidad, fieles a una causa “justa” por nuestro egoísmo. Las personas no pueden vivir sin verse en el espejo de los otros, no quieren pasar sus días solos, o al margen de algo cautivador, de estímulos omnipresentes que allanan la atención sin permiso, nos atrapan, nos dejamos atrapar como la calma de una mariposa ya dispuesta al cambio.
   En mi caso, siento que no duro mucho en los lugares donde habita, nunca me vi en una moda, ni los floggers, emos, cumbieros o raperos que fueron y son tendencias fuertes en mi adolescencia pudieron cautivarme para seguir por su ideología, tampoco la política en particular, Medio gil medio ortiva, inseguro eso seguro.  En la facultad me sigue pasando, no encuentro mi espacio aunque este todo piola con muchos compas, salgo  y me emborracho  con ellos pero hasta ahí llego, no me ato a una amistad a la ligera, a veces creo en la pertinencia por conveniencia la cual veo y mucho. Pero ¿Quién soy yo para criticar una de las tantas técnicas que ha para sobrevivir en este mundo? Destilo Hipocresía. Aun así, no lo entiendo. De la pertenecía al fanatismo creo que lo segundo es el nivel sin retorno, donde estamos hasta la conciencia ya que no podemos ver las falencias de lo cual seguimos fehacientemente. Paso con el futbol, con la política, con intertribus pedorras. ..
   No los juzgo y menos esto es una crítica, más que nada esto es una opinión egocéntrica de como los envidio, por  esa comodidad que no encuentro con total facilidad. ¿Falta de confianza?
   Todo esto surgió porque visite Moreno y vi a mis amigos, ahí pensé: ¿Qué hago acá riendo como pelotudo de un chiste que no entendí, porque ya es un chiste que solo entienden ellos que se ven y comparten sus giladas todos los días? ¿Porque me junto con los amigos de mis amigos si nunca más los voy a ver, o hasta la próxima salida? Ya ahí me agarra el bajón. ¿Estoy tratando de recuperar los años de ausencia, esos que no vuelven como un beso de despedida? ¿Son los pibes de Moreno los mismos que recuerdo hace 10 años? No, yo tampoco lo soy y eso creo es lo mejor que hay. Porque seguimos ahí, en los cimientos de nuestra amistad. Entonces, me pregunto y a veces todos nos preguntamos, ¿Dónde pertenezco? ¿La facultad, la fundación, los pibes de acá o los de allá, mi familia? Son cuestiones personales extrapolables creo yo al tiempo donde se remite cada uno, tiempo y espacio donde transcurren las voluntades y nos detenemos a observar todo lo que atrajimos a nuestras vidas, la gente, los quilombos, los amores , el laburo, todo aquello forma una pertenecía a esta realidad, este ahora impreciso y cambiante.
   Pertenezco donde quiero ir, donde me alejo, con los pibes sin los pibes, con laburo o sin laburo, familia chica o grande, mis sueños o fantasías, todo es la divina comedia que protagonizo como excusa para estar vivo tal vez. No sé, a veces siento que pertenezco a mí mismo, a las vidas que me forman cual matriz incandescente, a veces siento que los ojos de mi perra son la poesía, esa que se me cayó por el agujero del bolsillo. Al final mientras siga siendo yo, donde sea y hasta el final de los tiempos seré Capitán de mi destino.
   Rompemos la pertenencia para vivir mejor, esa zona de confort puede cegar nuestro potencial. Lo que alguna vez sacio mi sed, se convirtió en el veneno que me retiene. Por suerte, no estoy solo. Pero hay chamacos por ahí que si lo están y caen derrotados pero no vencidos. Paradojas. Me extendí  a otro tema de más adelante. Debato giladas, las mismas que a veces vemos por la TV, pero no me pagan, Ja.

jueves, 26 de octubre de 2017

Engaño

Los compases estáticos, decoran la blasfemia
Desconocen el sonido
Arrogante se creen en su silencio
La partitura de Dios
Ahora bien, el ritmo no ciega
  El umbral del olvido.
Los fuegos trajeron a la forastera
La bruma huyo apabullada por su violín
La fragancia del polvo en cobre
Supo a sangre en mis labios
Mientras ella insinuaba su escalofriante sol
Gimiendo  su instrumento
Imagine el piano vencido, ausente
 Y eléctrica superchería fue el calvario.
El infierno burgués aplaudía a la flor del edén
Desdibujando su silueta
En espasmos gestuales,
 En sudor delicia
Mientras evadía los poemas
La musa excitaba una pluma esclava.
Cuanto delirio baño la noche
La luna roja bajaba engañada
 Pero el diablo en pecado
Encerró a la música
Harto de su empatía.
Allí entre destrozos
Sonó el eco de melodías prohibidas
Himnos de libros quemados
Recordaron que tenían alma los sueños
Y allí, fue el dolor, la rabia, el engaño  
 Del indio ahogado

En estrofas de mujer.

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Era Humo

  Ya no sentía la espera nefasta de la primera salida. Aguardaba su mirada, sin titubeos. El incendio clandestino de sus labios. Pedí un café, mientras los trenes de Retiro calmaban la añoranza de los hogares. Recordé los lazos que corte para estar con vos. Y como cortamos nuestro lazo alguna vez, pero aun haciéndolo incontables veces ese lazo seguirá teniendo el mismo color.
    Esa tarde de Abril el verano se marchitaba con un calor arrasador. Volvíamos del colegio, hace mucho que salíamos juntos y como un secreto a la luz del diván nos exhibíamos en inocencia. ¿Tus lentes serán una molestia al besarnos? – te fulmine  mirando los tejados que se llenaban de hojas. Vos sonrojaste, me hiciste una mueca y algún  insulto tierno me regalaste. Seguimos hasta bifurcarnos con un beso estrepitoso para “no ser notados”. ¿Cuál era el problema? Pensaba consternado. ¿Sera virgen? No lo descartaba, pero creo que podía afirmarlo. Los días de otoño son indecisos, frio, calor, lluvias y humedad. Todo importaba poco,  dolías más de lo que podía aguantar. ¿Cómo será tu cuerpo? ¿Qué mirada me concederás al verlo?¿ Cómo es el sexo entre dos hombres? ¿Por qué no sabía ni una pizca de tu futuro?¿ Porque me costaba vernos como lo estábamos hoy? Eran muchas cosas que con vos quería averiguar. Pero no ayudabas. Pareció que  no había forma de llenar ese vacío y un eco sin respuesta está siendo tu amor.  Así concebí la primer cicatriz que tuvo mi alma. Cabe aclarar, cortamos.
  Las hojas este año molestan, insisten en ser pisadas, en tapar las canaletas y los conductos cloacales. Los vecinos y mis padres cooperan con animales para así poder sacarlos. Pero los tejados siguen cubiertos, el roció moja mis ropas y te pienso. Con tu camisa pantalón adentro, el castaño cabello que cubre tus blancas orejas, las pecas de tu frente (Seis) y sus anteojos nítidos leyendo la partitura de una canción que apenas podes tararear. Tecleo tu contacto, Whasap no me satisface, la espera me reniega y te llamo esperando tu voz ronca, que  podrá no querer decir nada ya que no deseas hablarme, pero aun así sentimos lo mismo, nos preocupa lo mismo. Atendes. Antecedo tu silencio para que no vaciles. ¿Dónde estás?- Retiro, dijiste.
  Sentí esa suplica de rescate, y no pregunte innecesaridades como ¿Qué haces ahí? ¿Puedo verte? ¿Me extrañas? Los cobardes preguntan sus miedos en estos casos, los valientes aman tanto que surgen de ese suplicio estresante que gotea por la frente.- Voy para allá, espérame”- corte.
  Cuando lo vi sentarse enfrente a mi todo en sudor, su cara colorada, sus pelos revoloteados y esos ojos negros despampanantes, reí un poco debo decir, como esa tarde de cielo arrebol en abril. – ¡Quiero besarte!- gritaste. Afuera la gente cual turistas se detenían a observar, bastante gente del café empezó a murmurar en voz baja. En voz baja respondí- ¡NO!- me exalte un poco más de lo que esperaba  y en voz baja íntimamente continúe- Hay mucha gente alrededor- por eso- y me besaste. Un tempo de reacción sublime, endemoniado mejor dicho. El chasquido de las tazas de café ajeno ceso, un mozo tiro la bandeja con el pedido de la mesa diecisiete y deje de mirar alrededor para verte, todo estirado atravesando la mesa, mojando tu remera de Mazinger Z  y tus manos temblantes sobre la mesa nos sostenías, tu labio sabia  a pasta dental y tus ojos los cerrabas con mucha, muchísima fuerza. La lluvia galopante tamboreaba el techo de la estación, y mi cuerpo se relajaba, se iban desatando los nudos de tu ausencia y de a poco te dejaba aproximar más y más. Mi lengua hablaba tu dialecto y mi corazón pensé no percibirlo hasta que toque tu pecho y ahí estaban los dos, al mismo ritmo.
Nos fuimos sin pagar aquella vez, la policía nos escoltaba al metrobus y la gente nos insultaba y miraba como dos depravados indecentes. Mi boca estática seguía relamiendo tu frescura, esa pasión que enervo mis miedos.. Nos abrazamos en la Plaza San Martin bajo un palo borracho gordísimo y fue todo. En la cuesta no voltee a contemplarte, el crujido de las hojas suspiro y entendí que no estábamos enlazados por el destino, sino que sostenía tu mano a voluntad de un fuego tibio. Éramos el  humo de unas brasas que solo a nosotros podían quemar.


viernes, 11 de agosto de 2017

Odaxelagnia



Corregir tu cuerpo 
que es perfecto 
e incierto para mis respetos 
tus lunares estrellas intimas 
arrebatan un aliento campestre, 
La ataraxia instantánea 
invade el sentido 
tus ojos utopías de soñadores
encuentran entre los besos 
el vació inerte
que logra consumir 
las brasas del olvido, 
Paso tu vientre lo bautizo 
me someto a tu lujuria 
al jubilo inmarcesible 
 la afinidad que muerde el alma
 suave,
suda al compás
 de la piel invierno 
que nos cubre 
   como  perfume esclavo 
    de nuestro instinto

     nos fuimos insultando, sin nombrarnos.