Los compases estáticos, decoran la blasfemia
Desconocen el sonido
Arrogante se creen en su silencio
La partitura de Dios
Ahora bien, el ritmo no ciega
El umbral del
olvido.
Los fuegos trajeron a la forastera
La bruma huyo apabullada por su violín
La fragancia del polvo en cobre
Supo a sangre en mis labios
Mientras ella insinuaba su escalofriante sol
Gimiendo su
instrumento
Imagine el piano vencido, ausente
Y eléctrica superchería
fue el calvario.
El infierno burgués aplaudía a la flor del edén
Desdibujando su silueta
En espasmos gestuales,
En sudor delicia
Mientras evadía los poemas
La musa excitaba una pluma esclava.
Cuanto delirio baño la noche
La luna roja bajaba engañada
Pero el diablo en
pecado
Encerró a la música
Harto de su empatía.
Allí entre destrozos
Sonó el eco de melodías prohibidas
Himnos de libros quemados
Recordaron que tenían alma los sueños
Y allí, fue el dolor, la rabia, el engaño
Del indio ahogado
En estrofas de mujer.