miércoles, 25 de noviembre de 2020

25-11 D10S


Levante de sueño a las 4 30 am, el calor me levantaba, no me permitía dormir. Por la ventana veía como diluviaba, como la ventana cerrada estaba garbada por las gotas de un día que preside el barro en el que el país iba a amanecer. 

Transité un nuevo sueño, donde se me perdían los dientes, no sabía que era, tampoco lo busqué para no generar mayor incertidumbre en mí ya pesado despertar. Una mañana, donde el alba salía lentamente, donde el celaje gris ya daba el día de luto que iba a extenderse por el resto de este año tan atípico. Bajé la compu, me puse en el jardín, mientras el tibio viento mecía las hojas de mis cuadernos, leía textos que debía haber leído antes, subrayaba, me detenía, miraba el celaje, seguía subrayando, me levantaba, miraba el río, seguía leyendo, llamaba a Lucila, hablaba con ella y calmaba este prólogo de un día miserable. Recargado, continúe y finalice un texto aliviado, Alberto entra por la puerta, venía de pasear a la perra, Isabela estaba a mi lado, hacía unos dibujos. -Murió Maradona- sentencio mientras cebaba un mate. Me corrió el frío por la espalda, la eléctrica idea de que hoy muchos estarán de rodillas pidiendo la mentira, como a veces nos pedimos para no quedarnos inmóviles hasta la verdad. Las redes estallan, mensaje en mi celular, los medios paupérrimos y omnipresentes se adelantaron, afirmaban despotricar un llanto mísero, al borde del clamor popular, que escuchaba en el barrio, el grito, la puteada, la idea de otra muerte, porque el Diego murió más de una vez, y la esperanza de que despertara a todes nos tenía en vilo. Escucho la radio, se limpia los mocos la relatora, leo Twitter, quienes festejan, quienes minimizan, quienes lloran, quienes lo saludan, Madonna es tendencia en Twitter, me dio gracia.


 Es sin lugar a dudas, una tristeza encrucijada en mi alma. Creo que a muchos no les pasa. Porque el clamor popular es una evidencia inalterable de que los ídolos y símbolos patrios, los fogonean las masas, y el tiempo es la memoria colectiva de todas las edades, herencia absoluta de esta tierra reconocida en primer momento por fuego sagrado, y por los inicios del astro. 

Maradona, venas abiertas de Argentina, hecho gambeta, símbolo y falsa idiosincrasia que abate al mundo, hoy y para siempre. En la radio lloran les conductores, lloran las personas en la calle, parece que el sol no supera este celaje, esta mañana atípica, funesta y humana. Sobre lo último, no es menor, este personaje nacido de la ceniza villera, con la impronta de batalla de inamovible lucha contra el poderoso, y socio de la lucha colectiva. La gente en la tele se pone su casaca argenta, sus remeras Maradonianas, es difícil no ver esa remera y no pensar en esa dorsal N° 10, rebautizado y eterno luego de ser vestido con la espalda del Astro, la gente recita sus recuerdos, ayer, hoy y siempre nunca pasó el tiempo, quedó grabado en la retina, en la enérgica conmoción de mantenerlo vivo, en el óbito perenne.

Vivió como quiso, fue llevado desde Fiorito, hasta el olimpo, fue llevando consigo a sus familias, y en sus errores nacieron nuevas formas de ser. Porque frente a estos medios, que hoy lloran junto al remisero desde su auto recordando los goles de argentinos JR, esos medios que atosigaron hasta el día de su muerte, esos medios que, despiertan la grieta en sus errores, y estigmatizan nos solo al Astro, sino a la clase villera, si no, a la hipocresía de un sistema hostil y vil, que hoy sigue perpetuando nuestras familias, nuestras identidades y nuestras relaciones. 

Redentor del pueblo, trajo alegría a la mesa, en la historia soberana nace su hito. Redentor del pueblo, creó iglesias, fue el papa y Judas. Representa entre sus virtudes y vicisitudes, las luchas populares, no por lo que fue en la cancha, sino su origen y la sensación que enraizó en los corazones de todos los hinchas de todos los clubes del mundo. Hoy murió el bastión del fútbol, hoy quienes lo defenestraron lloran por él, pero el pueblo sabe, no olvida. 

El mundo seguirá, los tres días de asueto quedarán para siempre, en este año de mierda y contando los días para que termine.  Y quedará el velorio, las palabras recitadas hacia él, los saludos agradecimientos por haber jugado al fútbol, por haber sido imperfecto, por haber sido hipócrita, por no haber prometido nada y dado todo. Hoy es indignación burguesa de las bocas que nunca vieron más allá de la condición humana, del cuerpo mediático obnubilado por las notas, por las cámaras, por la guita, por la moral universal; reservorio moral de la humanidad que yace en la conciencia burguesa, acrítica, ingenua que no puede empatizar contra el llanto de un pueblo ensangrentado por la caída de una de las alegrías más soberanas de los últimos 40 años.


 Ha muerto Diego Armando Maradona, nunca lo vi jugar, siempre lo vi en los medios, siempre deshumanizado, siempre imperfecto, el peor de los humanos, replicado en la basura semanal de los medios. Me crie escuchando de él, ídolo, mártir del amparo burgués, potrero de Fiorito que hizo todo por todes, sin pedirnos nada, sin debernos nada, y ese ejemplo tan rebelde y auténtico es sin lugar a dudas la pena colectiva más grande que puede tocarnos a todes en la misma ficha, en la piel erizada por los relatos y la herencia inalterable del fútbol.  Ha muerto el pibe de Fiorito, que cumplió sus sueños y lucho por los sueños del pueblo, y aun en su desaparición física, aparecen los muchachos de siempre destilando que esta figura era la idiosincrasia del argentino. Y no queda peor análisis que ese, no queda ya más que apagar la tele, pensar desde la historia personal y unívoca de este sutil barrilete meciéndose frente a los soles, lluvia y vientos, disputando su épica, tragedia y lucha, con el balón inmaculada, con su machismo galopante, con su nombre tatuado en las pieles, en estadios y en la boca de quienes lo aman y critican.  

Atenúa mi dolor, aquel que me vio amanecer, siento que no es solo mío, ese paso eterno, que dio sin mirar atrás el soldado inmortal de la línea de cal, y siento que todes nos sentimos así, pero sería mucho pedir. Un poco más humanos, humanizados al palo, barro, polvo y recuerdo de la cabecita negra saltando bajo el sol palpitante de los Aztecas y con su bendición anotar el gol dentro y fuera del rectángulo de almas, seculo abrazo, grito desgarrador, llanto y momento efímero  de los días de nuestras vidas, para sentenciar su perdón absoluto, su nombre por sobre la ley y sobre las creencias, fuera Dios y sus chamuyos, acá yace el mesías, la mentira, la violencia, el machismo, el goce del fuego sagrado llorando por las calles, y la vida que se detiene a darle las gracias, por unos segundos y luego enterrarlo en la persona, en lo humano, frágil, intolerante, misógino, y amado, inmarceciblemente amado hasta el fin de los tiempos, de la mano de D10S


martes, 24 de noviembre de 2020

Fin de año

Tránsito uno de los fines de año más dinámicos de mi vida. Hace tiempo no perecía mi ansia de seguir, de una manera tan pasiva, y al mismo tiempo intacta. Enamorarse,repetidas veces de Lucila, ese es su nombre y le calza perfecto, es una lluvia desmesurada que te agarra sin paraguas o  sin techo, pero no queres estar al resguardo de todos modos, queres empaparte de todo lo que provenga de esos labios corazón, y esas manos cinceles. 


Tránsito el final de un año, con más preguntas que certezas. Sobre escenarios fluctuantes, donde crecí en mis relaciones interpersonales, sobre todo en la familia, y al mismo tiempo solté algunas heridas que pensé dejarlas abiertas, para recordarme de vivir, pero mejor no. Mejor seguir. Aproveché la virtualidad para apabullarme en el estudio, en mi salsa, en el silencio de las teclas resumiendo,en el aroma a tinta sobre mi palma, sobre mi hoja, sobre mi... que posesivo. Pero digo la verdad. He sido, como en este último punto, muy interpelado por mis pensamientos. Hablo inconclusamente con mi psiquis, me retracto, pido perdón, me escabullo y me digo basta, más de una vez al día. 


¿ Por qué? 

Parece que mientras más indago en los mandatos que me conforman, y desató los ovillos hasta sus hilos imperceptibles me percato de lo ruin y egoísta que he sido,¿ Qué pasa cuando nos quedamos sin perdón, sin aliento, sin fuerza para vernos al espejo? No pensé que eso podía pasarme. Me he dado cuenta que busco la aceptación del otre incontables veces, y que al llevarme la contra, en lo más mínimo, alguien lo tomo personal.No de forma siniestra sino de la forma más incómoda, con ignorancia. Lo bueno es que es imperceptible. 


No tengo conclusiones en estas declaraciones, divago, dibujo, maltrato mi lienzo y luego le regaló tierra y descanso. Dentro de todos estos flagelos que fui juntando del piso, siempre estuvieron allí, siempre estuvieron susurrando, siempre como el aire, los empuje siendo gravedad. 


Lucila es una chica, biológica e identitariamente se considera una chica. Para mi es más una persona,- dentro de lo políticamente correcto, que hoy está en duda, curiosamente lo ponen en duda los mismo que dicen que es lo políticamente correcto según la historia y el oportunismo, en fin- Lucila es mi novia. La conozco hace dos años, 4 meses y 18 días. Los segundos no cuentan, se detuvieron en un boliche, en un beso, en una mirada, en el glamour de sus ojos, pestañas largas, cejas tupidas, y piel pulcra. Es un ensueño, y también está enamorada de mi. 


¿ Que suerte no?


La primera vez que nos vimos , solos, sin nadie que nos rompiera las bolas, fue un momento sin igual. Sábado recuerdo que era, principios de invierno, o mediados de otoño. Las hojas caían rendidas al suelo, y el humo de los caños de  autos se asentaba en el aire de la capital. Vestí mis prendas más honradas, aquellas con las que me sentía más cómodo. No sentia la presion de la primera vez, ya nos habíamos besado eternamente y eso daba pie a otras cosas, más profundas las cuales iban hacia el pasado de lucila y hacia el mío.


 ¿ Quién era Lucila? Esa era mi pregunta. 


Vivía a hora y media de casa, tres colectivos era mi carruaje. Cuando llegue a su casa, ella cruzaba la calle con una cartera colgada del antebrazo y una campera que le pasaba la altura de las rodillas, tenía una base invisible, un rimel estupendo y un perfume que me acompañaría toda la vida. Hablamos de mi viaje, de las noches que nos vimos; ah, eso sí, nos dimos  un beso en la mejilla, tibio, duró más de medio segundo, eso me daba cuenta del deseo, y me permitió, como dije antes, reconocer el perfume. Una estrategia napoleónica.


 Fuimos al colectivo, el 110, nunca lo pise. Fue un viaje grato, dentro de lo posible, mucha gente que iba o volvía.Ella se sentó, yo como buen caballero del zodiaco le deje sentar, no daba que me siente así de una,- jodete- nanana había que hacer las cosas bien. Llegamos al Alto Palermo, shopping que en mi vida pisé por dentro, y fuimos al patio de comidas. Mucha gente, mucha señora rubia, mucha vida que hoy por covid no tenemos. 

 Orbitaba famélico, fuimos a comer y no tenía un peso. Eso, en ese entonces me dolia, me dolia en el alma, en el orgullo en el sentido varonil de ser independiente pero nunca tener el valor de lograrlo, le dije a Lucila que vayamos a Mostaza, justo vi de reojo que tenían una promo asi que joya, - mi  hermana luego me dijo que es un pelotudo, ¿ como vas a comer hamburguesa en la primer salida? te queda todo en la boca, impresentable- Lucila no tenía problema, estaba abierta a ser cortejada por este pelotudo con suerte o me tenia lastima.  Cuando sacó su billetera, le dijo algo de - buena riki rikon- y ella dice con total naturalidad- me dan plata mis viejos- me sentí solventado por esa verdad. No conocía  a Lucila, pero la juzgaba con tintes elitistas. Imaginaba que salía con pibes de guita, que las llevaban a los lugares más caros, y le compraban las ropas más caras, collares, vacaciones, ella para mi era una duquesa, la realeza, una princesa de Disney no deconstruida.

 Comimos. Entre dos mesas, pegados a gente que no conocíamos. Hablábamos fuerte, porque un bardo era el lugar. Allí se dio lo que llamo el primer indicio del enamorado, el cual es la pérdida de noción temporo espacial. Hablamos por horas, no me di cuenta que estábamos solos por momento o de la nueva gente a nuestro lado. Hablamos sin hartazgo, como obras de arte dispuestas a ser admiradas, criticadas, valoradas, compradas y vueltas a vender. Hablamos como una danza popular, con sus ritos y castigos, con sus perseverantes búsquedas de romanticismo, hablamos como si no quedara nada en el mundo por conocer y entre nosotros, estaba la biblioteca de babel. Me enamoré en ese momento, otra vez, ella también, pero no lo sabía. 


Seguimos  hablando pero caminábamos ahora, nuestra atención se iba por los locales, las ropas, ella contaba su vida, sus historias, su familia, y se detenía en un local y veía la ropa,  desde atrás la admiraba y escuchaba atentamente.De pronto, tome la decision de pasar a un nivel de atropello abismal, al abrazarla por detrás. Fue algo automático, el decoro manifiesto de “ no te vayas nunca, jamás, de mi vida” y también de la vergüenza, y del no consentimiento también, ahora puedo verlo detenidamente aunque ya no importa. A veces las caducidades no son más que plazos de deuda. Una deuda sin sentido de mi pasado, con las concepciones presentes que me forman. Volviendo a Lucila, ella ni se inmuto, me abrazó y me dio un beso. Un beso en la boca, un beso suave, un beso frutilla, un beso a secas. Fuimos al Parque las Heras que jamás había pisado, era en ese momento una persona “ del campo” como bien llaman los “ porteños” a les bonaerenses. Buscamos lugar para sentarnos, un banco al menos, pero estaba todo ocupado y no queríamos sentarnos en el piso. Buscamos, buscamos, pero parecía más un paseo que una búsqueda, porque mientras seguíamos hablando, dejábamos toda nuestra alma, nuestras constelaciones en el camino, estelas de luz o pistas para  un detective muy distraído puede encontrar. 


Nos sentamos, ella puso el pie sobre mi pierna, seguimos hablando, los árreboles caían, vaticinaban una noche hermosa y refrescante. Nos dio frio, y volvimos al Shopping a merendar, a comer algo. Sentía  mi adolescencia renacer, esos espacios donde podíamos habitar, los cuales no existían, y debíamos formarlos. Eso era lo que hacíamos con Lucila, estábamos formando espacios. Cuando se dieron las 20:00, debíamos partir. Ella tenía el cumple de un familiar, y yo debía ir al cumple de un amigo de un amigo, cosa inhóspita. La tarde fue devorada por nuestros prólogos que impartimos en despojo y afabilidad. La acompañe a Scalabrini Ortiz, debía tomarse el 124, la dejaba en su casa. Mientras esperábamos,seguiamos hablando. Ella me dijo, ¿ Me vas a hablar?Me sorprendió la pregunta, acabamos de hablar durante más de cinco horas, ininterrumpidamente. - Obvio que si- le afirmé y nos dimos besos. Esos besos de pareja consolidada, desesperada por le otre, por sabernos acompañados. 


Lucila se fue en el bondi, yo seguí hasta Santa Fe y tome el 152, luego el 60, y llegue sin problemas. En el camino seguimos hablando, repasando cual breve epílogo lo que fue la tarde, y arreglamos en la inmediatez volver a encontrarnos. Esta vez en mi casa. 


Ella empezó a construir todo un nuevo cielo en mi vida. Sus manos alfareras, ratificaron su amor por las bestias, las crueldades que mecían en mis adentros. No me desconocía, no me evitaba, y no me hacía sentir inutil. Creo, que he sido una persona con mucha suerte, creo, que de no ser por sus manos y sus verdades, mi pandemia hubiera sido más hostil, estoy cansado, estoy terminando un año muy dinámico, donde los vaivenes del estudio, me despiertan el júbilo de recordar porque estudió con tanta tranquilidad, y dentro de todos los privilegios que me componen, tengo el bastión de ser amado por una persona como Lucila. Me enamore en el trayecto de estos años, muchas veces más de ella, reivindico mi amor en cada letra, en cada orgasmo, en cada gesto, en cada discusión, en cada reconciliación, en el diálogo bilateral y aunador que nos cobijó desde nuestra primera salida. Sin lugar a oscilaciones, o por ser dramático por placer, todo me sabe a poco sin Lucila, la birra, una película, un libro, canciones,un beagle que pasa por la calle, todo es silencio sin su vibrar, todo es tan amplio y tan vacuo sin Lucila, que estas palabras, sin que las leyeras, no tendrían.... 



Cuerpos de tinta, menean el barro

lluvia mórbida riega mi alma 

al acabar 

el sol amansa la hoja 

Dios

permuto tus plegarias 

por un momento con ella.